Los oceanos dan energia ilimitada

Posted on 24 Mayo, 2008 by Fada.
Categories: Agua de Self, Saving the world, Uncategorized, Zeitgeist.

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A finales del siglo XIX, el físico francés Jacques Arsene d’Arsonval propuso un método para generar electricidad que empleaba el mar como un colector gigante de energía solar. Se cree que esta tecnología, llamada “Conversión de Energía Termal Oceánica” (OTEC por sus siglas en inglés) podría permitir el establecimiento de un sistema eficiente de almacenamiento de energía a lo largo y ancho del mundo, suministrando un flujo energético lo bastante grande como para satisfacer las necesidades del planeta.

 

 

El OTEC se basa en la idea de explotar las diferencias de temperatura entre las aguas profundas y superficiales, para de este modo generar potencia eléctrica. Las aguas poco profundas del océano pueden llegar a calentarse hasta los 29ºC en los trópicos. Solo un kilómetro por debajo de estas cálidas aguas, la temperatura es significativamente más baja, con caídas frecuentes por debajo de los 5ºC. Estas diferencias extremas de temperatura se emplearían para operar turbinas de vapor, que activarían los generadores para producir electricidad. Los expertos estiman que, un día cualquiera, los 60 millones de km2 de superficie ocupada por los mares tropicales, absorben una cantidad de radiación solar equivalente a 250.000 millones de barriles de petroleo. Para poner en una perspectiva más inteligible estas cifras, digamos que esto implica que bastaría con aprovechar algo menos del 0.001% de esta energía (convertida en potencia eléctrica) para producir más de 20 veces la cantidad consumida diariamente por los Estados Unidos.

A lo largo de los años, se han producido varios intentos para ajustar y refinar esta tecnología y construir un prototipo funcional de planta OTEC. Un estudiante de D’Arsonval llamado Georges Claude, fue el primero en lograr la construcción de una de estas plantas, hecho que tuvo lugar en Cuba en el año 1930. La planta de Claude fue capaz de generar 22kW de electricidad empleando una turbina de baja presión. Este experimento demostró la viabilidad de este sistema, o en palabras del propio Claude: “hizo que mis virulentos oponentes tuvieran que morderse la lengua”. Cinco años más tardes, Claude construyó otra planta OTEC a bordo de un buque carguero. Desafortunadamente, el barco resultó destruido poco después de su botadura debido a malas condiciones meteorológicas. La aparición de grandes cantidades de petroleo barato, a mitad del siglo XX, condujo finalmente al cese de la actividad investigadora en torno a las plantas OTEC.

Un equipo de arquitectos británicos, entre los que se incluyen Dominic Michaelis, Alex Michaelis, y Trevor Cooper-Chadwick, se encuentra en la actualidad trabajando en un proyecto con el que esperan traer de vuelta a la vida esta idea centenaria. Juntos han propuesto la construcción de una red de “plataformas flotantes”, que además de funcionar como generadores de potencia OTEC, estén equipadas con turbinas eólicas y maremotrices (véase ilustración). De este modo, las plataformas podrán explotar simultáneamente tres fuentes de energía naturales para suministrar electricidad “de forma constante”. Los científicos dicen que una sola “isla” con este diseño sería capaz de producir alrededor de 250MW, mientras que si se construyesen 50.000 de estas “islas”, el mundo sería capaz de saciar sus necesidades diarias de energía.

Según los arquitectos, una planta OTEC no solo sería un suministro de energía ecológica, sino que debido a su proceso de conversión único, también produciría agua desalinizada como subproducto. Además de la producción de 300.000 litros de agua dulce diarios, la planta OTEC podría emplearse también para producir hidrógeno mediante electrolisis. Alex Michaelis se imagina a las propias islas como hogar de sus operarios, que tendrían que trabajar “a bordo” para llevar a cabo las funciones de mantenimiento. Michaelis cree que los habitantes podrían ser capaces de cultivar marisco y vegetales, y que vivirían en las islas durante turnos mensuales, al igual que sucede hoy en día en las estaciones petrolíferas.

Varios críticos han cuestionado la viabilidad del sistema de 50.000 islas artificiales, argumentando que es improbable que el proyecto pueda implementar sus costos de manera eficiente. En respuesta a estas críticas, Michaelis afirmó: “Tenemos que considerar que estamos en guerra tratando de buscar una nueva forma de obtener energía limpia; los esfuerzos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial produjeron enormes cantidades de aviones, tanques, barcos y demás armamento por parte de ambos lados en contienda. Solamente en aviones Spitfire, el Reino Unido construyó 20.300 unidades, lo cual hace que la construcción de más de 50.000 de estas plantas parezca una cifra razonable”.

Traducido de Unlimited Solar Energy from the Ocean? (autora: Sarah Gingichashvili)

El agua nos oye y nos habla

Posted on 1 Marzo, 2008 by Fada.
Categories: Agua de Self, Música.

Como no, para ir entendiendo y conociendo que significa “AGUA”, hoy tengo que hablaros de Masaru Emoto, ese gran japo que nos ha mostrado como nos oye el agua y como reacciona ante nuestros sonidos. Mi “Agua de Self” es agua cargada principalmente con música. Al igual que os quiero hacer entender el concepto “AGUA”, también debería explicaros brevemente que el concepto “MÚSICA” nada tiene que ver con lo que suena en “los 40 principales”. Yo, personalmente, definiria la música como combinaciones, matemáticamente finitas, de vibraciones, y de ahí el porqué la relaciono con el agua.

Como muestra, un botón:

Y ahora referenciaros los dos grandes libros de Emoto, relacionados con mi tema:

MENSAJES DEL AGUA

Emoto empezó a interesarse por las propiedades sanadoras del agua unos 15 años antes de la edición del presente libro; tras 5 años entabló contacto con un investigador californiano que estudiaba las vibraciones más sutiles de las moléculas de agua utilizando las técnica de la resonancia magnética… Trabajando con este científico el profesor Emoto se formuló la siguiente pregunta: ¿sería posible reflejar las cualidades sanadoras de diferentes tipos de agua de una manera visible y palpable? La ‘idea feliz’ para llevar a cabo este estudio le llegó al probar de fotografiar los cristales hexagonales que formaban distintas muestras de agua al helarse. Y de las imágenes que obtuvo llegó la confirmación a su sorprendente hipótesis: Ciertas muestras de agua corriente de grandes urbes presentaban una estructura de cristalización muy tosca, mientras que muestras de agua de manantiales ofrecían cristales de una gran belleza. Extendió así su área de estudio al fotografiar cristalizaciones de agua de diversos lugares del mundo (glaciares, lagos, agua de lluvia, fuentes), obteniendo cristales de formas más bellas y sorprendentes cuanto más alejados se hallaban del quehacer humano.

La sorpresa mayor llegó al conseguir transformar irregulares patrones de agua contaminada en bellos cristales hexagonales al someter las muestras a la audición de canciones tradicionales, oraciones religiosas o bien música clásica. O bien al transformar ‘indiferentes’ cristales de agua destilada en bellos patrones geométricos al susurrarles palabras de agradecimiento, o bien al contrario, obtener horrorosas estructuras al someterlas a frases desagradables.

Lo presentado en este libro es una mezcla de ciencia y arte. Y también de espiritualidad! La exposición de la parte técnica y metodológica deja algo que desear, aunque queda suficientemente dibujada a lo largo de los pequeños textos del libro, y entendemos que está expuesta de forma más extensa en otras publicaciones. En definitiva, este es un libro divulgativo y, como reza el autor, más acerca del arte y la belleza que sobre aspectos técnicos de su trabajo.

Dicho esto, la parte visual, con más de 180 generosas imágenes a todo color, es más que impactante por sí misma: docenas de cristales de agua helada que nos llevan a la sorprendente hipótesis del libro: los mensajes que el agua puede transmitir sobre su estado de ánimo, y a su vez sobre la salud del Planeta...

En definitiva, un estudio pionero editado en un libro de gran belleza, que apunta a la capacidad infinita que tiene la Naturaleza de sorprender a la conciencia humana.

 

EL PODER CURATIVO DEL AGUA

Más agua… El doctor Emoto empezó hace 10 años a fotografiar cristales de agua en el momento de la congelación, y desde ese entonces no ha parado. Lo que descubrió en un primer momento es que ciertas expresiones de ánimo podrían quedar reflejadas en la belleza de la estructura del hexágono de hielo -o nieve-, y que la forma de los cristales dependían de la pureza de la muestra de agua, de su origen, de la música que había ‘escuchado’ o de los patrones vibracionales a los que se había sometido.

Desde su primer libro, Mensajes del Agua, Emoto ha escrito varios ensayos más, todos acerca del mismo tema: las propiedades curativas, espirituales o sobre la información que puede aportar el agua -sobretodo al atender al dibujo, significación, o perfección de la geometría de sus cristales en el momento de la congelación. En el presente caso nos encontramos ante una aproximación a la relación entre el agua y la salud: el poder curativo del agua. En este estudio, además de repasar lo expuesto anteriormente en otros libros, encontramos capítulos dedicados a las técnicas de fotografía de los cristales de agua en el momento de congelación, planes y desarrollos para posteriores estudios, la relación entre el agua y la salud, las propiedades curativas del agua de diversos manantiales, un repaso al trabajo llevado a cabo por Edward Bach -creador de las Flores de Bach-, o a los estudios de Hahnemann con la homeopatía.

Con todo, lo más sugerente del libro sigue siendo la belleza de las imágenes de los cristales de nieve que presenta. Los textos de los capítulos, si bien son sugerentes y llenos de ideas interesantes, no llegan a concretar o a agotar el tema que plantean, quedándose en ideas e información que el lector puede asumir y seguir investigando por su propia cuenta. La temática central del libro, la relación entre salud y agua también es de lo más apropiada, pues como suele decirse ‘no tan sólo el Planeta, sino nuestro propio organismo está formado en un 70% por agua‘; y de aquí la máxima atención que deberíamos prestar a este elemento a sus propiedades curativas y a mantener su limpieza. En la antigua ciudad japonesa de Kyoto hay un templo dedicado a venerar la pureza el agua. No sería una mala idea de que esta iniciativa se trasladara también a Europa, en un mundo en el que se dice que la última guerra será una guerra por el control del agua.

(Fuente: libreria muscaria)